Visitando Irlanda del Norte (I): La Calzada de los Gigantes

Irlanda del Norte, esa gran desconocida para los de la República. Esta ahí al lado pero muchos irlandeses “del sur” (entre los que me incluyo) nunca pasamos por ahí. Decidimos que ya tocaba y como el primer lunes de Junio es “bank holiday” planeamos una visita express al Norte, con La Calzada de los Gigantes y los murales políticos de Belfast como principales estrellas.

En primer lugar, viajamos en tren desde Dublín a Belfast. El precio son 40€ por cabeza y en unas dos horas te deja en el centro de la capital norteirlandesa. Allí, tomamos un taxi a nuestro hotel, donde fuimos recibidos con un agradable mural de un paisano con pasamontanhas y un fusil recordándonos que ellos eran “mas británicos que los británicos”. Por supuesto no pude resistirme a sacarle unas fotos.

Welcome to Belfast!

Luego nos tocó coger otro taxi, esta vez para el aeropuerto de la ciudad, llamado George Best Airport en honor al gran futbolista que militó en el Manchester desde finales de los 60 a principios de los 70. Allí nos dieron el que sería nuestro vehículo para el fin de semana, un Peugeot 107 al que, siguiendo nuestra costumbre de bautizar todos nuestros bólidos, le pusimos el apodo de “Patito Feo” (con la esperanza de que al final de nuestro viaje se convirtiese en un Ferrari).

No había tiempo que perder, así que pusimos rumbo al Norte del Norte por el interior del país. Lo suyo es hacer el recorrido por la costa (The Coastal Route) pero teníamos pocas horas antes de que se apagase el Sol así que decidimos ir por el camino más corto. A la postre fue un gran acierto. A eso de las cuatro el hambre empezaba a hacer mella, por lo que paramos en un agradable pueblo llamado Ballymoney. Sin saberlo, estábamos en el lugar de nacimiento del famoso campeón de motos Joey Dunlop (no confundir con este otro Dunlop).

LLegando a la Calzada de los Gigantes

Tras reponer fuerzas continuamos hasta llegar al pueblo de , muy cerca ya de la Calzada. En dicho pueblo tomamos un bus turístico que nos llevó hasta el monumento natural.

Cuando por fin llegamos a la famosa Calzada de los Gigantes me pareció todo muy hermoso. La naturaleza había sido tan caprichosa y había creado algo tan distinto que no podía parar de mirar a cada una de esas pequenhos hexágonos que formaban escaleras donde las olas rompían. Quien necesita de Paraísos cuando en la Tierra tenemos maravillas como esta? Os trataré de deleitar con estas fotos: